Dios me dijo…

En este artículo vamos a reflexionar sobre algunos de los problemas que existen en el servicio cristiano.

Entre los evangélicos existen muchas malas costumbres. Una de ellas es “espiritualizar las cosas”.

¿A qué me refiero con espiritualizar las cosas? Me refiero a que en ocasiones algunas cosas simplemente pasan, solamente porque la vida es así. Pero para que no se vea tan simple, le damos un carácter más profundo, haciéndolo ver como algo un poco más espiritual de lo que aparenta.

El otro día mi esposa encontró un cangrejo en nuestra habitación. (vivimos cerca de la playa). Y a ella le da temor que la muerda en caso de levantarse de noche. Lo atrapé con un envase plástico y lo deje libre al frente de la casa. Uno podría decir que ese fue el fin de la historia… a menos… que queramos espiritualizar esa historia. Pero realmente no se me ocurre cómo hacerlo. La historia es demasiado sencilla.

Al punto que voy con eso, es que no todo en la vida tiene que tener un significado espiritual profundo que nadie ha visto. A veces hay cosas en la vida que suceden, porque la vida es así, y punto.

Una de las cosas que Dios nos dio es la capacidad de ser libres. La capacidad de poder tomar decisiones por nosotros mismos. Esa libertad es tal, que hasta nos dio la libertad de desobedecerlo. Claro, eso no calza muy bien con la teología calvinista la cual piensa que ya todo está predeterminado.

Pero si no seguimos esas teologías medievales, entenderemos que todos tenemos una capacidad innata, dada por Dios para poder tomar decisiones en la vida. Muchas veces tomamos decisiones sin el consejo de Dios, y muchas veces lo hacemos buscando hacer Su voluntad.

Lo ideal sería que tomemos decisiones de la mano con Dios. O por lo menos que esas decisiones estén bajo la voluntad de Dios. Con mucho más razón si estamos sirviendo a Dios a tiempo completo.

Decisiones cuestionables

Pero aquí es donde nos encontramos con un problema. Y es que muchas veces las personas toman decisiones muy cuestionables. Y ellos mismos lo saben. Es en esos momentos donde las personas usan la frase: “Dios me dijo…” para escudarse.

Dios me dijo que me casara con esta persona”. O, “Dios me dijo que iniciara este proyecto. Dios me dijo que renunciara a este ministerio”. Dios me dijo que viniera a esta iglesia…” etc.

Es muy difícil debatir contra un “Dios me dijo“. No es posible. El uso de esa frase trae la noticia y el cierre. No hay nada más que decir. Cuestionar esa decisión es cuestionar a Dios mismo. Y nadie se va a atrever a hacer tal cosa. Dios le dijo, ya no hay nada más que hacer.

Personalmente he escuchado esta frase muchas veces a lo largo de la vida ministerial. Al punto que cada vez que la oigo, se convierte en una luz de advertencia. Una persona que justifica una decisión con un “Dios me dijo” probablemente está tratando de defender una decisión de la cual no quiere escuchar críticas, ni preguntas ni cuestionamientos.

Es incontable la cantidad de “Dios me dijo” que terminó en nada. Ministerios iniciados que ya desaparecieron. Llamados al ministerio que ya no existen, etc.

Personalmente siempre me ha costado mucho usar esa frase. “Dios me dijo” suena demasiado contundente, casi al estilo de Moisés bajando del monte para comunicar al pueblo sus verdades.

Como había dicho antes, “Dios me dijo” normalmente viene antes de decisiones muy controversiales. Pero también vienen después de conclusiones con un final feliz que ya se sabe.

Por ejemplo, si me esposa me va a pedir que saque el cangrejo de la casa, pero sabe que le voy a decir que no hace falta, porque el cangrejo es inofensivo. Ella perfectamente me puede decir: “Acabo de ver un cangrejo en la habitación, oré al respecto y Dios me dijo que usted tiene que sacarlo para que podamos dormir bien“.

Claro, cómo me voy a atrever a cuestionar la voz de Dios. No me queda otra opción que sacar ese malvado cangrejo.

O por ejemplo, yo podría decir que tan pronto vimos ese malvado cangrejo, Dios me dijo que lo sacara de la habitación, y gracias a eso mi esposa no fue mordida en el pie lo cual pudo haber provocado una gangrena terrible (un final feliz que se sabe).

Cangrejo malvado intentando entrar a la casa

Estamos tan acostumbrados a escuchar historias así, que es posible que yo cuente esa historia en la iglesia sin que nadie piense nada raro al respecto.

Al final, siempre es mejor apelar a la humildad. Y esa frase hace justamente lo contrario. No hay humildad en un “Dios me dijo“, lo que existe es un pedido de admiración, ya que Dios le habló y la historia tuvo un final feliz que se sabía. O Dios le habló, y no hay nada más que decir. Nadie puede cuestionar esa decisión.

Quiero aclarar que no estoy cuestionando el uso de esta frase en la Biblia. Obviamente que muchos profetas de Dios recibieron palabra directamente de Dios.

Tampoco cuestiono que Dios pueda literalmente hablarle a las personas hoy en día. Pero probablemente el 95% de las veces que la he escuchado ha terminado en malas decisiones. O en proyectos abandonados, o en relaciones rotas.

Debemos ser más humildes, pero también más claros. Nada nos cuesta decir las cosas tal y como son. No hace falta escudarse con frases espirituales para no ser cuestionados.

Al final, la única manera de saber si Dios habló, es que la decisión llevó un fruto verdadero. Y eso sólo el tiempo lo dirá.

Santiago nos da una idea del tipo de fruto que trae la sabiduría de Dios, cuando realmente nos habla:

Pero la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura, y además pacífica, amable, benigna, llena de compasión y de buenos frutos, ecuánime y genuina.

Santiago 3:17

Bendiciones.

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